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Date el permiso de vivir en plenitud

27
Jun
2018
27.06.2018

Date el permiso de vivir en plenitud

Todos vivimos para conseguir una sola condición: ser feliz. La felicidad varía de acuerdo al criterio y las experiencias de cada quien. Sin embargo, a pesar de ser diferente, en una sensación que nos llena de disfrute y de la cual no queremos salir. Encontrar la felicidad depende de nuestra actitud ante la vida, del empeño que tengamos por hacer realidad nuestros sueños y del deseo de alcanzar la plenitud.

La felicidad en la vida es importante en primer lugar porque reside precisamente en disfrutar de todo aquello que tenemos. Es decir, desde que nacemos merecemos ser felices y podemos serlo mediante la toma de pequeñas decisiones cotidianas. Lo trascendente para cada uno de nosotros es que seamos capaces de contar con una actitud positiva, ser optimistas, contar con un criterio propio que nos defina y saber, que si queremos algo de corazón podemos llegar a conseguirlo.

En muchas ocasiones los pensamientos que tenemos no se ajustan a la realidad, resultan distorsionados, nos dejamos llevar por errores frecuentes y comunes a la mayoría de personas lo cual impiden vivir con plenitud. De forma que si modifico mi visión de aquello que me genera malestar incorporando pensamientos más adaptativos, podré tener sentimientos positivos.

Aquella visión que tenemos del mundo que nos rodea, y de cómo nos encuadramos en ese contexto, las creencias, actitudes y valoraciones que hacemos de nosotros mismos y de los demás, son pensamientos que se alojan en la mente. Son por tanto esos pensamientos los que procurarán la plenitud.

Ten en cuenta los siguientes pasos para vivir en plenitud:

La felicidad es vivir sin miedo

El mejor camino para ser felices, es vivir sin temor. Gran parte de nuestro bienestar tiene que ver con cómo interpretamos la situación que vivimos. Hay personas que en las mismas circunstancias tienen vivencias muy distintas y toman la experiencia con otro tipo de aprendizaje. Unas sacan lo positivo y otras se ven atrapadas en el miedo. El miedo es un mecanismo de defensa y de alerta de nuestro organismo, Pero cuando este se nos sale de las manos perjudicándonos nuestra toma de decisiones se convierte en nuestro obstáculo para la felicidad y realización personal.

Esta bien y es normal sentir miedo, pero cuando este se vuelve incontrolable, la persona comienza a limitar sus posibilidades, baja la autoestima y las lleva a tomar decisiones inadecuadas en sus vidas. Todas las personas presentan un potencial que ellas mismas no ven o si lo ven no se sienten capaces de desarrollar.

El miedo, además, no entiende de sexo o de edad, cualquier persona, hombre o mujer puede desarrollar miedos irracionales. Es independiente de nuestro nivel social, o de nuestro nivel intelectual, del aspecto físico que tengamos o de la situación económica.

Debemos evitar el miedo a vivir, ya que en la vida, en múltiples ocasiones, hay fracasos, errores, falta de control, se tiene que sumir riesgos y podemos no agradarles a los demás. La dificultad para canalizar el miedo como el de asumir un riesgo, quedar mal en una ocasión determinada, situaciones de incertidumbre, que las cosas no salgan como uno quiere, o no gustemos a todo el mundo, nos lleva a un callejón sin salida. El miedo, además, se somatiza, pudiendo presentarse muchos problemas de salud. Debemos recordar que el valiente no es el que no siente miedo sino el que se enfrenta a él.

Hay que ver las cosas desde otra óptica y a desarrollar las habilidades y herramientas que necesitamos para superar el miedo.

Para afrontarlo es necesario:

  • Tomarse las cosas menos en serio; ser espontaneo, reírse, divertirse.
  • Enfrentar el miedo, poco a poco y con los recursos necesarios.
  • Entender que tenemos derecho a tener miedo. Aprender que no somos omnipotentes, no lo podemos controlar todo, tenemos nuestra parte vulnerable y debemos pedir ayuda cuando creemos que no podemos controlarnos.
  • Reflexionar quienes somos y qué queremos. Satisfacer nuestras motivaciones y vivir de acuerdo a nuestra personalidad y potencial.
  • Ser positivo y acudir a la reprogramación lingüística: ¡Yo valgo! ¡Yo puedo!

 

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